Perspectiva económica
Expectativas de crecimiento moderadas para México en 2026: divergencia y desafíos estructurales en la recuperación económica de América Latina
Este artículo parte de la previsión de Vanguard de un crecimiento del PIB de México del 1,5% en 2026, analiza los motores del crecimiento económico de México y América Latina, los desafíos estructurales y la divergencia regional, y explora las perspectivas para el comercio, la inversión y las reformas a largo plazo.
De las expectativas de crecimiento de México, un examen colectivo para América Latina
La firma internacional de gestión de activos Vanguard pronosticó recientemente que el crecimiento económico de México en 2026 será del 1,5%. Esta cifra es superior al consenso actual del mercado, pero aún inferior al nivel de crecimiento previo a la pandemia. Para el lector que observa la economía latinoamericana, este pronóstico no solo importa por México en sí mismo; es más bien un espejo que refleja la situación general de la economía de la región en el ciclo pospandémico: existe respaldo de la demanda externa, pero insuficiente dinamismo de crecimiento endógeno.
¿De dónde proviene el impulso del crecimiento?
Roger Aliaga-Díaz, economista jefe de Vanguard, señaló en una reunión en la Ciudad de México que la ventaja arancelaria relativa sigue sosteniendo las exportaciones manufactureras de México, en especial las de automóviles y productos electrónicos. La resiliencia de la demanda de los consumidores estadounidenses, junto con la disminución gradual de la incertidumbre en las políticas comerciales mundiales, se convierte en el principal motor externo del crecimiento en 2026. A la vez, el aumento del consumo turístico impulsado por la Copa Mundial de la FIFA y la subida del salario mínimo, que beneficia a 8,5 millones de trabajadores, también aportan cierto respaldo en el frente de la demanda interna. No obstante, el informe también advierte que el mercado laboral se está enfriando y que las remesas están disminuyendo, factores que compensarán parcialmente ese impulso.
¿Por qué México crece por debajo del promedio regional?
Goldman Sachs, en sus *Perspectivas económicas para América Latina 2026*, prevé que México crecerá 1,3%, mientras que el promedio regional será de 1,9%. Esto implica que México quedará rezagado frente a las principales economías de América Latina por segundo año consecutivo. ¿Por qué México, siendo el principal socio comercial de Estados Unidos, muestra un crecimiento más débil? La clave está en la incertidumbre de la política comercial estadounidense, en particular la cautela inversionista provocada por la revisión del T-MEC. Aunque Vanguard considera que el proceso de revisión se aclarará en el segundo semestre, antes de eso las decisiones de gasto de capital y logística de las empresas podrían seguir siendo prudentes.
La política fiscal tampoco ofrece suficiente apoyo contracíclico. El gobierno federal está impulsando una consolidación fiscal; se espera que el superávit fiscal primario en 2026 sea del 0,5% al 0,6% del PIB y que el ratio de deuda se mantenga en torno al 52%. Esta postura prudente ayuda a estabilizar la confianza del mercado, pero a costa de comprimir la inversión pública en infraestructura, de modo que la tarea del crecimiento recae más sobre el sector privado.
Industria y comercio: ¿quién se beneficia más?
Desde la perspectiva sectorial, las manufacturas automotriz y electrónica siguen siendo los sectores más directamente beneficiados. Bajo la tendencia del nearshoring, el papel de México como extensión de la cadena de suministro estadounidense no ha cambiado; su ventaja en la estructura arancelaria le otorga una posición favorable en la reconfiguración manufacturera mundial. Además, el turismo recibe un estímulo adicional gracias a la Copa Mundial. Sin embargo, estos motores de crecimiento no se convierten automáticamente en mejoras de productividad a largo plazo. Vanguard señala que la educación, la energía y las reformas regulatorias son factores clave para determinar el potencial de crecimiento de México en la próxima década. La incertidumbre en la regulación energética afecta especialmente la competitividad de los costos manufactureros —la confiabilidad y el precio del suministro eléctrico han sido durante mucho tiempo un factor central en las decisiones de instalación de plantas por parte de empresas extranjeras—. Por su parte, la calidad educativa limita la mejora del capital humano, lo que hace que México enfrente cuellos de botella al ascender hacia eslabones de mayor valor agregado.### Flujos de inversión y capital: esperando con paciencia las reformas estructurales
Desde la perspectiva de los flujos de capital, el espacio fiscal interno de México es actualmente limitado; la inversión extranjera directa se concentra en la manufactura orientada a la exportación, mientras que la inversión en servicios e infraestructura es relativamente insuficiente. Goldman Sachs considera que las reservas internacionales de México son suficientes (alcanzaron los 251.800 millones de dólares a finales de 2025) para amortiguar los choques externos, lo que brinda a los inversionistas un colchón de seguridad. Sin embargo, los flujos de capital a mediano y largo plazo siguen dependiendo de la claridad de las señales de política. Una vez concluida la revisión del USMCA, la confianza inversora podría recuperarse, pero si las reformas estructurales siguen sin materializarse pese a ser largamente anunciadas, el capital podría permanecer más en el arbitraje de corto plazo que en la construcción de capacidad productiva de largo plazo.
En toda América Latina prevalecen situaciones similares. La previsión de crecimiento regional es de apenas el 1,9%; el limitado espacio fiscal, la volatilidad de los ciclos de las materias primas y los riesgos políticos entrelazados hacen que las decisiones de inversión sean cada vez más exigentes. El débil desempeño de México no es un fenómeno aislado: los países exportadores de recursos se benefician de la demanda de minerales críticos impulsada por la transición energética, pero enfrentan la volatilidad de las cadenas de suministro; las economías orientadas a la manufactura están sujetas a la demanda externa y a la incertidumbre política. La situación de México pone de relieve la "dualidad" de América Latina en la reestructuración del comercio global: las ventajas geográficas y de los acuerdos comerciales generan oportunidades de nearshoring, pero también hacen que el crecimiento sea más vulnerable a los cambios en la orientación de las políticas de Estados Unidos.
Observaciones clave
1. Las expectativas de crecimiento de México para 2026 son moderadas, lo que refleja la coexistencia de una demanda externa resiliente y restricciones estructurales internas. 2. La incertidumbre de la política comercial sigue siendo la variable central que frena la inversión; el desenlace de la revisión del USMCA afectará la confianza del segundo semestre. 3. La consolidación fiscal y la insuficiente inversión en infraestructura hacen que el sector privado asuma una responsabilidad excesiva en el crecimiento. 4. Las industrias automotriz, electrónica y turística se benefician, pero la competitividad a largo plazo depende del avance sustancial de las reformas energética y educativa. 5. México se mantiene sistemáticamente por debajo del promedio regional, lo que revela la divergencia y la fragilidad del patrón de crecimiento de América Latina.
Perspectivas de las tendencias a largo plazo de América Latina
En los próximos 5 a 10 años, el cambio estructural más relevante en América Latina es si la reestructuración de las cadenas de suministro globales y la transición energética podrán generar nuevas vías de actualización industrial. Para México, la clave para superar el límite de crecimiento del 3% radica en aprovechar la ventana del nearshoring para impulsar la manufactura desde el ensamblaje hacia la investigación y el desarrollo y los componentes de alto valor agregado. Para América Latina en su conjunto, la educación, la infraestructura y la calidad institucional determinarán si el capital "pasa de largo" o "echa raíces". La penetración de la inteligencia artificial y la economía digital podría proporcionar nuevas palancas de productividad para las economías tradicionalmente basadas en recursos, pero también podría ampliar aún más la brecha tecnológica dentro y fuera de la región. América Latina necesita pasar de ser un "proveedor pasivo de recursos" a un "participante activo en la definición de reglas"; de lo contrario, el crecimiento tendencial podría permanecer en torno al 2% durante mucho tiempo.
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