Perspectiva económica
Expectativas divergentes de crecimiento en México: la lenta recuperación y las pruebas estructurales del motor latinoamericano
Vanguard pronostica un crecimiento del PIB de México del 1,5% en 2026, superior a las expectativas de Goldman Sachs y del banco central, pero inferior a la media regional de América Latina. La manufactura de exportación se beneficia; las restricciones fiscales y las reformas estructurales son clave a largo plazo.
La modesta recuperación de las expectativas de crecimiento: hechos y divergencias
En enero de 2026, Vanguard, Goldman Sachs y el Banco de México publicaron sucesivamente sus perspectivas económicas anuales. Tres conjuntos de cifras —1,5 %, 1,3 % y 1,1 %— representan diferentes evaluaciones del mercado sobre la economía mexicana. A pesar de las divergencias, el consenso es claro: México dejará atrás el estado de casi estancamiento de 2025 (con una tasa de crecimiento estimada del 0,3 %), pero la recuperación será limitada y volverá a situarse por debajo del crecimiento promedio regional de América Latina (1,9 %).
¿Cómo entender esta «modesta recuperación sobre una base baja»? Vanguard considera que la resiliencia de la demanda de consumo estadounidense y la reducción de la incertidumbre en las políticas comerciales globales son los principales apoyos externos. Goldman Sachs, por su parte, hace más hincapié en la insuficiencia del apoyo fiscal interno, la incertidumbre en las relaciones comerciales y el riesgo político. La divergencia entre ambos es, en esencia, una apuesta distinta por los resultados de la revisión del T-MEC y la previsibilidad de las políticas mexicanas.
El sector manufacturero de exportación: el verdadero beneficiario
En el contexto de un crecimiento general bajo, ya han surgido ganadores estructurales. Vanguard señala claramente que México mantiene una ventaja relativa en materia de aranceles, lo que sigue sosteniendo las exportaciones manufactureras, especialmente en los sectores automotriz y electrónico. Esto significa que el efecto del «nearshoring» derivado de la reestructuración de las cadenas de suministro globales sigue operando. La lógica de que las empresas estadounidenses mantengan parte de su producción en México para reducir el riesgo geopolítico no se ha visto completamente interrumpida por las fricciones comerciales.
Sin embargo, este beneficio está relativamente concentrado. Los sectores automotriz y electrónico son industrias intensivas en capital y orientadas a la exportación, estrechamente vinculadas a las cadenas de valor globales, pero con un impulso limitado para el empleo nacional y las pequeñas y medianas empresas. Esto también explica por qué hay puntos brillantes a nivel microeconómico, pero resulta difícil acelerar el ritmo a nivel macroeconómico.
Impulsos temporales y vientos en contra estructurales
En 2026, México será sede de la Copa Mundial de la FIFA, lo que se espera que genere un consumo turístico adicional; el aumento del salario mínimo, que cubre a 8,5 millones de trabajadores, respaldará el ingreso familiar en el corto plazo. Pero, por otro lado, el mercado laboral se está enfriando y el crecimiento de las remesas del exterior se ha desacelerado, debilitando el impulso de la demanda interna. Vanguard menciona estas dos fuerzas a la vez, lo que indica que la historia del crecimiento no es unilateral.
Aún más digno de atención es la política fiscal. El gobierno federal ha hecho de la consolidación fiscal una prioridad: se proyecta un superávit primario de entre el 0,5 % y el 0,6 % del PIB, y una tasa de deuda pública estable en torno al 52 %. Esto proporciona un ancla de estabilidad para la macroeconomía, pero a costa de una reducción de la inversión en infraestructura pública. Dado que el sector privado aún no ha tomado plenamente el relevo, el motor del crecimiento parece carecer de ímpetu. El economista jefe de Vanguard, Roger Aliaga-Díaz, destacó específicamente que el crecimiento a largo plazo dependerá de las reformas en educación, energía y regulación.
Una advertencia por debajo del promedio regional
Goldman Sachs estima que México crecerá un 1,3 % en 2026, por debajo del promedio regional de América Latina, que es del 1,9 %. Si esta proyección se cumple, será el segundo año consecutivo en que México quede por detrás del promedio regional. Esto supone un balde de agua fría para la narrativa de que «México es la estrella de América Latina».Durante mucho tiempo, México ha sido considerado el mayor ganador del nearshoring gracias a su proximidad con Estados Unidos y su sólida base manufacturera. Sin embargo, los datos de crecimiento demuestran que las ventajas externas no pueden sustituir las reformas internas. En comparación con los países exportadores de recursos de la región, México carece del beneficio directo del aumento de los precios de las materias primas, y al mismo tiempo tiene una mayor dependencia comercial y soporta una mayor incertidumbre política. Esto exige que los inversores reconsideren la lógica de inversión en México: sigue siendo importante, pero ya no es una historia de éxito automática.
Observaciones clave
1. Las expectativas de crecimiento muestran grandes divergencias, pero la dirección es coherente: en 2026 la economía mexicana experimentará una recuperación moderada, difícilmente volverá a los niveles de la década de 2010. 2. El sector manufacturero orientado a la exportación (automotriz y electrónico) es el beneficiario más seguro, pero los beneficios se concentran en sectores específicos. 3. La solidez fiscal coexiste con los recortes en la inversión en infraestructura, y la inversión privada debe asumir más responsabilidades. 4. El Mundial y el aumento del salario mínimo ofrecen un respaldo a corto plazo, pero el debilitamiento del mercado laboral y de las remesas frena la demanda interna. 5. México ha estado por debajo del promedio latinoamericano durante dos años consecutivos, lo que pone de relieve que la narrativa del «nearshoring» necesita ser corregida desde una perspectiva más pragmática.
Perspectivas de las tendencias a largo plazo en América Latina
En los próximos 5 a 10 años, la capacidad de México y de América Latina en general para lograr un crecimiento sostenible dependerá de tres grandes cuestiones estructurales:
Primero, la estabilidad de los acuerdos comerciales. Que el T-MEC pueda seguir ofreciendo reglas predecibles después de la revisión de 2026 afectará directamente la inversión manufacturera. Vanguard considera que la incertidumbre se disipará en el segundo semestre, pero este diagnóstico está lleno de condiciones.
Segundo, si las reformas internas pueden materializarse. La calidad educativa, el suministro energético y la eficiencia regulatoria son la base de la competitividad a largo plazo. Si México no logra avances en estos ámbitos, aunque se reestructuren las cadenas de suministro globales, solo podrá quedarse en la etapa de ensamblaje de bajo valor agregado.
Tercero, el equilibrio entre el espacio fiscal y la inversión privada. Todos los gobiernos enfrentan restricciones de deuda, pero el capital privado no llena los vacíos de forma automática. La calidad institucional, el estado de derecho y la oferta de infraestructura determinan el flujo de capitales.
Para América Latina, el caso de México ofrece un espejo: la dotación de recursos y la posición geográfica pueden brindar oportunidades a corto plazo, pero los cambios estructurales son la base del crecimiento a largo plazo. En los próximos cinco años, los países que logren encontrar un nuevo equilibrio entre la disciplina fiscal y la inversión pública tendrán más probabilidades de ocupar un lugar en el panorama global de los mercados emergentes.
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