América Latina digital
El dilema de la «capa intermedia» de la economía digital latinoamericana: los líderes regionales están surgiendo, pero la infraestructura de base sigue en manos de otros
Desde Mercado Libre y Magalu hasta Nubank, las empresas latinoamericanas de tecnología de consumo ya cuentan con escala regional, pero su capacidad de cómputo, almacenamiento y conectividad siguen controladas por los oligopolios tecnológicos de Estados Unidos y China. Este artículo reinterpreta, desde cinco dimensiones —país, industria, comercio, inversión y desarrollo a largo plazo—, la posición de «capa intermedia» de la economía digital latinoamericana y sus implicaciones para la lógica de crecimiento regional.
Durante la última década, en América Latina surgió un grupo de empresas tecnológicas centradas en escenarios de consumo, a las que el mundo exterior denominó colectivamente «Tecnolatinoamérica» (technolatinas). Las tres más representativas son: Mercado Libre, la mayor plataforma digital y mercado en línea de América Latina, con una capitalización bursátil de aproximadamente 50.000 millones de dólares; la minorista Magazine Luiza (Magalu), con sede en Brasil y ya sometida a una transformación digital a gran escala, con una capitalización de unos 25.000 millones de dólares; y Nubank, el mayor banco digital de América Latina, con alrededor de 70 millones de clientes.
Demostraron una cosa: América Latina no es solo un mercado de consumo de tecnología, sino que también puede incubar plataformas locales escalables y rentables. Pero al mismo tiempo revelaron otra: la capacidad de cómputo, el almacenamiento y la infraestructura de datos de estas plataformas son proporcionados casi en su totalidad por gigantes de Estados Unidos y China. Más que constituir una victoria de la economía digital latinoamericana, las technolatinas se encuentran en una nueva «capa intermedia»: dominan a los usuarios en el mercado local, pero dependen de otros en la tecnología de base.
Observaciones clave
1. El oligopolio tecnológico global ya se ha configurado. Google, Amazon, Meta, Apple, Microsoft, Alibaba, Tencent y Huawei, ocho empresas, controlan eslabones estratégicos como la computación en la nube, el big data, la inteligencia artificial y la conectividad, y constituyen de facto una estructura oligopólica. 2. Las plataformas latinoamericanas están en la «capa intermedia». El crecimiento de Mercado Libre, Magalu y Nubank depende de la infraestructura digital de los oligopolios; de ahí obtienen valor y de ahí también quedan limitadas. 3. La dependencia es doble. América Latina depende a la vez de Estados Unidos y de China: el cable submarino Firmina de Google llega desde Estados Unidos hasta Argentina, y Huawei tiene una participación cercana al 50 % en la infraestructura 5G de América Latina. 4. La división del trabajo queda atrapada en eslabones de bajo valor añadido. Los gigantes sitúan las tareas operativas en América Latina y dejan la I+D estratégica en sus países de origen; incluso la cúpula directiva de las technolatinas suele estar formada por antiguos altos ejecutivos de los gigantes del Norte. 5. La periferia no equivale a irrelevancia. Que América Latina ocupe una posición periférica en el mapa tecnológico global es precisamente lo que la convierte en un mercado por conquistar, y no en un rincón ignorado.
I. El oligopolio tecnológico global: la reescritura de la estructura centro-periferia
Durante los últimos veinticinco años, el poder en la industria tecnológica global se ha concentrado enormemente. La lista Forbes Global 2000 registró este proceso: en 2010, Google ocupaba el puesto 120 y Amazon, el 315; en 2024, ascendieron respectivamente a los puestos 10 y 6. Apple pasó del puesto 75 al 12, y Microsoft, del 49 al 8. Alibaba y Tencent, por su parte, pasaron de estar más allá del puesto mil a situarse entre los primeros 50.Estas empresas no triunfan solo con un único negocio. Sus modelos de negocio abarcan tres ejes principales: desarrollar software para diversos tipos de plataformas tecnológicas, fabricar dispositivos que incorporan software propio o de terceros, y proporcionar infraestructura de internet. La clave de su expansión radica en la reinversión continua y significativa en I+D, las adquisiciones estratégicas y el control de activos intangibles como algoritmos, macrodatos y redes físicas (por ejemplo, cables submarinos de internet).
Aún más notable es su forma de competir. Esta competencia tiene tres rasgos: primero, la coopetición, competir por el mercado y, al mismo tiempo, cooperar en estándares técnicos, interoperabilidad e incluso arreglos de intereses; segundo, la oligopolización, en la que las capacidades se retroalimentan mutuamente y no se descarta la formación de monopolios en eslabones concretos; tercero, la hibridación, con tecnologías digitales y físicas entrelazadas, lo que conforma ecosistemas cada vez más integrados verticalmente. En 2015, Google donó a la Fundación Linux Kubernetes, el sistema de código abierto para la automatización de contenedores, un ejemplo típico: hoy es ampliamente respaldado y adoptado por Amazon Cloud, Tencent Cloud, Apple iCloud y Microsoft Azure, y el propio estándar de la industria se convirtió en una ventaja comparativa de Google.
El resultado es una nueva división internacional del trabajo: el proceso de crecimiento del mercado del Sur global, a su vez, refuerza la acumulación de capital del Norte global. La economía digital impulsada por datos está altamente concentrada y genera asimetrías de información estructurales, lo que amplía aún más la brecha de poder entre regiones, países y actores.
II. La posición de las technolatinas: ganar en lo local, perder en la base
Las technolatinas no son simples víctimas. Aunque dependen de los gigantes para usar herramientas de procesamiento y almacenamiento de datos, aprovechan su propia capacidad de desarrollar tecnología de frontera a menor escala para obtener rentas desde una posición intermedia en las cadenas globales de valor. En otras palabras, replican modos de extracción de valor similares a los de los gigantes, solo que a una escala menor.
Esto explica por qué el auge tecnológico de América Latina y su dependencia tecnológica pueden coexistir. Mercado Libre controla el acceso al comercio electrónico y a los pagos en América Latina, Nubank controla las cuentas bancarias digitales, Magalu controla el tráfico minorista: han capturado firmemente la interfaz de usuario. Pero por debajo de la interfaz de usuario, los niveles que realmente determinan los costos de largo plazo y el poder de negociación —capacidad de cómputo, almacenamiento, servicios en la nube, conectividad— siguen en manos de unas pocas empresas del Norte (y de China).
Para la economía regional, esto implica un costo oculto: cada vez que una plataforma local amplía su escala, una proporción mayor del valor sale de la región en forma de tarifas de servicios en la nube y de infraestructura de datos. Cuanto más rápido es el crecimiento, más profunda es la dependencia.
III. Dependencia tecnológica dual: Estados Unidos y China en paraleloLa dependencia tecnológica de América Latina no es unidireccional. La forma en que los gigantes tecnológicos están presentes en la región consiste principalmente en establecer filiales con fines comerciales, encargadas de ventas, entrega y atención al cliente. Google tiene filiales en Brasil, Argentina, México, Colombia y Chile; Microsoft tiene presencia en Argentina, Uruguay, Colombia, Chile y Venezuela; AliExpress, de Alibaba, ha abierto oficinas comerciales en Brasil, Chile, Colombia y México.
Al mismo tiempo, la competencia en la capa física es igualmente intensa. El cable submarino Firmina de Google llega a Argentina desde Estados Unidos; Huawei tiene una participación cercana al 50% en la infraestructura 5G de América Latina. Esto significa que América Latina, en las dos líneas principales de datos y conectividad, se enfrenta simultáneamente a los sistemas tecnológicos de Washington y Beijing.
La dependencia sobre dependencia no equivale a tener más opciones. Al contrario, reduce el margen de autonomía de América Latina en definición de estándares, política de espectro y gobernanza de datos. A diferencia de algunas economías asiáticas —que se insertan de otra manera en la cadena global de valor digital—, la situación de América Latina se acerca más a una «dependencia tecnológica dual» que a un «equilibrio multipolar».
IV. País e industria: quién se beneficia, quién queda atrapado
Dimensión país. Brasil es el mayor beneficiario y también el más expuesto: Magalu y Nubank nacieron allí, y Mercado Libre tiene en Brasil su mercado central. México, gracias a la combinación de comercio electrónico y nearshoring, se ha convertido en uno de los mercados con mayor densidad de filiales comerciales de los gigantes. Argentina, Chile y Colombia desempeñan más bien el papel de mercados de consumo y bases operativas —incluida Argentina, donde llega el cable submarino de Google.
Dimensión sectorial. Los beneficiarios directos son el comercio electrónico, la banca digital y las fintech, la digitalización del retail; los beneficiarios indirectos son la logística y la infraestructura de pagos. Pero quienes realmente capturan alto valor agregado son la computación en la nube, los centros de datos, los cables submarinos y las redes 5G —eslabones que casi no están en manos de empresas locales de América Latina.
Dimensión laboral. La estructura de dependencia también moldea la forma de los empleos tecnológicos en América Latina: los trabajos operativos de bajo valor agregado se quedan en la región, mientras que la I+D estratégica permanece en las sedes de los gigantes. Esto no es un fenómeno de corto plazo, sino el resultado de la división del trabajo.
V. Comercio e inversión: la verdadera dirección de los flujos de servicios digitales
En las estadísticas tradicionales de comercio, las exportaciones de América Latina se basan principalmente en productos básicos; pero en las cuentas de la economía digital, lo que realmente importa son los flujos transfronterizos de datos. El Informe sobre la Economía Digital 2021 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) ya señaló claramente que la distribución de los beneficios derivados de los flujos transfronterizos de datos es extremadamente desigual.
Desde la estructura de inversión, las inversiones de los gigantes en América Latina se concentran en filiales comerciales y expansión de mercado, y no en centros de I+D. Esto concuerda con la tendencia global de los últimos veinticinco años: el capital se orienta hacia sectores tecnológicos de alto riesgo pero alta rentabilidad, la importancia de los activos intangibles sigue aumentando y el control de la información y el conocimiento se convierte en la clave para obtener rentas.Para el comercio regional, esto implica una paradoja: el mercado de consumo digital de América Latina está creciendo y las plataformas locales están creciendo, pero la dirección del superávit en el comercio de servicios digitales sigue apuntando hacia el Norte y China.
VI. Configuración regional: no marginada, sino reposicionada
Un error de apreciación frecuente es suponer que, como América Latina ocupa una posición periférica en el mapa tecnológico global, no es importante. La realidad es justo lo contrario. Precisamente porque América Latina aún no ha sido completamente capturada, se ha convertido en un mercado que los gigantes deben disputarse. La lógica de los oligopolios tecnológicos no es ignorar la periferia, sino incorporarla a su propio mapa de infraestructura.
Esto también explica por qué el tema de la «soberanía tecnológica» en América Latina está cobrando fuerza. Cuando el comercio electrónico, la banca, los pagos y la logística funcionan sobre las nubes de otros, los reguladores no solo enfrentan problemas antimonopolio, sino también cuestiones de gobernanza de datos, seguridad de la conectividad y margen para la política industrial.
Perspectivas de las tendencias a largo plazo en América Latina
En los próximos 5-10 años, el cambio estructural más digno de atención en América Latina quizá no sea la salida a bolsa de otra technolatina, sino la disputa por la titularidad de la infraestructura subyacente.
Primero, la regionalización de los centros de datos y la nube. A medida que los gigantes aumentan la inversión en infraestructura física en América Latina, la oferta local de capacidad de cómputo mejorará, pero la propiedad seguirá concentrada en unas pocas empresas.
Segundo, la geopolitización de la conectividad. El despliegue de cables submarinos y 5G se ha convertido en un vehículo directo de la competencia entre Estados Unidos y China en América Latina. Quien pueda proporcionar conectividad tendrá la palanca de la próxima ronda de política industrial.
Tercero, los intentos de las plataformas locales de dar el salto hacia arriba. Algunas technolatinas podrían extenderse de la capa de aplicaciones a la capa de infraestructura, pero, limitadas por la escala de capital y la acumulación tecnológica, lo más probable en el corto plazo sea un modelo híbrido de «construcción propia parcial + alquiler a largo plazo».
Cuarto, los intentos de afirmar la soberanía en el plano regulatorio. La localización de datos, las políticas de espectro y las revisiones antimonopolio se convertirán en algunas de las pocas herramientas disponibles para que los países latinoamericanos amplíen su margen de negociación.
Para los inversionistas, esto implica dos cosas: primero, la historia de crecimiento de la tecnología de consumo en América Latina sigue siendo válida, pero su estructura de beneficios está condicionada por los costos de la nube y la conectividad; segundo, los activos verdaderamente escasos no están en la capa de aplicaciones, sino en la capacidad de cómputo, las redes y las licencias de gobernanza de datos.
Para la economía regional, el auge de las technolatinas no es un punto final, sino una prueba de estrés: una prueba de si América Latina puede acumular capacidades en medio de la dependencia, en lugar de consolidar la dependencia a medida que crece.
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