Boletín regional
La “velocidad de crucero” de la economía latinoamericana: en 2026, lo que determinará el panorama no será el PIB, sino los ingresos, el cobre y la IA
En 2026, el crecimiento económico de América Latina se desacelerará hasta alrededor del 2%, pero la inflación estará bajo control, las tasas de interés se acercarán a su nivel neutral y los salarios reales superarán la evolución de los precios. Los verdaderos cambios se producirán en el lado de los ingresos, la divergencia dentro de las materias primas, los flujos transfronterizos de personas y la infraestructura de IA: el impulso del crecimiento está pasando del volumen total de exportaciones a la calidad de la demanda interna, y la divergencia entre países e industrias se está acentuando.
La "velocidad de crucero" de la economía latinoamericana: en 2026, lo que definirá el panorama no es el PIB, sino los ingresos, el cobre y la IA
Resumen
Se prevé que el crecimiento del PIB real de América Latina y el Caribe en 2026 caiga a alrededor del 2%, pero con una inflación controlada, tasas de interés cercanas a neutro y salarios reales que en general superan a los precios, el motor del crecimiento está pasando del "volumen de exportaciones" a la "calidad de la demanda interna". Las materias primas presentan una fuerte divergencia interna: el petróleo está bajo presión, mientras que el cobre, la plata, la soja y la carne bovina se fortalecen. El flujo transfronterizo de personas por el Mundial y las estrategias de IA impactan simultáneamente los pagos y la infraestructura digital. América Latina está pasando de ser un "régimen de volatilidad cíclica" a un "régimen de crucero lento"; la verdadera divergencia se produce entre países y sectores.
1. El 2% no es debilidad, sino un "estado estacionario" poco común en América Latina
En la última década, el crecimiento de América Latina fue con frecuencia un subproducto de grandes auges y caídas: repuntaba durante el auge de las materias primas y se desplomaba en las fases de contracción. El 2% de 2026 tiene un significado distinto: el crecimiento del PIB real de la región se moderará desde el 2,2% del año anterior, debido principalmente a un debilitamiento de la demanda externa (desaceleración de Estados Unidos y China), y no a desequilibrios internos. La inflación está baja y controlada, la mayoría de los bancos centrales ya puede alcanzar o mantener tasas de política monetaria cercanas a neutro, y los costos de financiamiento de hogares y empresas disminuyen en consecuencia.
Esta es una "velocidad de crucero": ni estimula ni restringe. Para los responsables de la política económica, se preservan los logros de la consolidación fiscal; aunque la ratio de deuda pública sigue siendo elevada, ya no se deteriora; para el mercado, aumenta la previsibilidad. Por primera vez, y en ausencia de un superciclo de materias primas, América Latina se acerca a su propia tasa de crecimiento potencial de largo plazo.
Pero el 2% es un promedio: las diferencias internas que oculta son lo fundamental.
2. El regreso del poder adquisitivo: el primer sostén real de la demanda interna
El cambio más subestimado de América Latina en 2026 está en el frente de los ingresos. Los aumentos del salario mínimo fijados en varios países superan en general la inflación prevista: Colombia, cerca del 18% en términos reales; México, 8,8%; Perú, 8%; República Dominicana, 7,7%; Brasil, 2,5%; y Chile, -1,3% en términos reales. Cuando el mercado laboral está ajustado, el alza salarial tiene un "efecto faro" que se derrama hacia otros sectores y eleva el poder adquisitivo general de los hogares.
Aunado a la baja de las tasas de referencia, la relajación de las condiciones crediticias y la desaceleración de la inflación, disminuye el incentivo al ahorro de los residentes y repunta la disposición a consumir. No es un auge de corto plazo impulsado por el crédito al consumo, sino una recuperación de los ingresos reales. Para la industria de pagos, esto significa que el número de transacciones y el monto por transacción podrían mejorar al mismo tiempo, especialmente entre los trabajadores del sector formal.
El riesgo es igualmente claro: los bancos centrales monitorean de cerca si los aumentos salariales siguen superando la productividad. Si el efecto faro se intensifica, la inflación podría repuntar y erosionar el poder adquisitivo recién recuperado. Actualmente, la mayoría de las economías opera cerca de su producto potencial, por lo que la probabilidad de que la inflación impulsada por la demanda se descontrole es limitada; pero esta es la variable que más hay que vigilar en 2026.
3. El petróleo pierde fuerza y el cobre y la plata toman el relevo: se reprecifica la ventaja relativa de SudaméricaEl Banco Mundial prevé que en 2026 los precios agregados de las materias primas caigan casi un 7%, con el principal lastre proveniente de la energía: exceso de oferta de petróleo y crecimiento débil de la demanda. Pero esta cifra agregada es engañosa. Los precios de los principales productos de exportación de Sudamérica —soja, carne bovina, cobre, oro y plata— se prevé que suban moderadamente.
La lógica detrás es distinta en cada caso. La soja está respaldada por la caída de la superficie sembrada en Estados Unidos, inventarios ajustados y una demanda firme; la carne bovina se mantiene en niveles altos por restricciones de oferta; el cobre y la plata responden al efecto conjunto de la expansión de los centros de datos de IA, el limitado crecimiento de la producción y la transición energética; la plata añade además demanda de refugio seguro.
Esto implica una “revalorización de los recursos” dentro de América Latina: los países exportadores principalmente de petróleo soportan presión, mientras que los exportadores de minerales críticos como cobre, plata y tierras raras, y los exportadores agrícolas, quedan en una posición relativamente ventajosa. Países como Perú, Chile y Brasil, con estructuras de recursos más diversificadas, se encuentran en una posición más favorable en este ciclo. El resurgimiento del nearshoring también podría llevar a los inversores a reevaluar la capacidad de minerales críticos y metales industriales del hemisferio occidental.
IV. Flujos transfronterizos de personas: el Mundial es una prueba de estrés para la infraestructura de pagos
En la Copa Mundial de la FIFA 2026, coorganizada por México, millones de visitantes impulsarán el consumo en turismo, hotelería, transporte y entretenimiento, y acelerarán al mismo tiempo la penetración de los pagos sin contacto y basados en tarjetas. El valor de un shock asociado a un evento no está en el aumento del consumo en el período, sino en la infraestructura que deja instalada: la ampliación de la red de aceptación y la mejora de la eficiencia de la liquidación transfronteriza suelen tener efectos duraderos una vez finalizado el evento.
En paralelo están las remesas. Se prevé que las remesas procedentes de Estados Unidos crezcan moderadamente, respaldadas por un mercado laboral estadounidense “blando pero estable”, pero al mismo tiempo frenadas por un nuevo impuesto sobre las remesas y normas migratorias más estrictas; un dólar estable o ligeramente más fuerte constituye un viento de cola. Para países como Colombia, Perú, Ecuador y Brasil, las remesas siguen siendo una fuente importante de ingresos externos, y su sensibilidad política está aumentando: una exposición de riesgo macroeconómico subestimada.
La evolución de la situación en Venezuela es otra variable. En 2008, el tamaño de su economía era cinco veces el actual, representaba más del 7% del PIB de América Latina, sus exportaciones de mercancías eran casi seis veces las actuales y sus mercados de exportación estaban más diversificados (Estados Unidos, Países Bajos, Brasil, España); hoy depende en gran medida de China. Si los casi 8 millones de personas que han emigrado desde 2014 comenzaran a regresar, a mediano y largo plazo podría elevar el crecimiento potencial de la región y aliviar la presión fiscal de Colombia, Perú, Ecuador y Brasil.
V. IA: la única variable que podría cambiar la productividad total de los factores
La mayoría de los países de América Latina ya han presentado estrategias nacionales de IA, pero la infraestructura, las habilidades y la inclusión digital siguen siendo cuellos de botella. La importancia de la IA para América Latina no está en el concepto, sino en que actúa simultáneamente en tres frentes: la modernización de los servicios públicos, la expansión del empleo formal y la seguridad y eficiencia de los pagos digitales. Si los marcos de gobernanza y el acceso inclusivo están en su lugar, la IA podría convertirse en la vía más realista para que América Latina mejore su competitividad.
Esto es más fiable que esperar un nuevo superciclo de las materias primas.
Quién se beneficia: doble divergencia entre países y sectores
A nivel de países, República Dominicana (se espera que acelere del 4.0% al 4.8%), Argentina (4.3%), Costa Rica (3.3%) y Perú (3.1%) se encuentran en un rango relativamente favorable; el crecimiento de Brasil cae del 2.3% al 1.8%, y México, aunque solo repunta del 0.4% al 1.3%, muestra una mejora de dirección. Colombia (2.9%) y Chile (2.3%) se mantienen en niveles moderados.
A nivel sectorial, los beneficiarios se concentran en tres categorías: primero, las cadenas de exportación de minerales críticos como cobre, plata y tierras raras, y de productos agrícolas como soja y carne de res; segundo, los servicios relacionados con turismo, hotelería, transporte y pagos transfronterizos; tercero, la infraestructura de IA y finanzas digitales.
A nivel de riesgos, los ciclos electorales de Costa Rica, Perú, República Dominicana, Colombia y Brasil, así como la revisión del USMCA en México, podrían generar volatilidad de corto plazo; y en los países considerados proempresa, la recuperación de la confianza podría, a su vez, apuntalar la actividad económica. La firma del acuerdo UE-Mercosur es la señal más concreta de diversificación de socios comerciales —la incertidumbre externa podría, por el contrario, impulsar a América Latina a reducir su dependencia de un único mercado.
Observaciones clave
1. La calidad del crecimiento sustituye al volumen de crecimiento: un crecimiento del 2% acompañado de tasas neutrales e inflación controlada marca el paso de América Latina de la volatilidad cíclica a una trayectoria estable. 2. El componente de ingresos es la variable más importante de 2026: los salarios mínimos reales superan de manera generalizada a la inflación; el sustento del consumo y de los volúmenes de pago proviene del poder adquisitivo real, no de la expansión del crédito. 3. Fuerte divergencia dentro de las materias primas: el petróleo lastra el agregado, mientras que el cobre, la plata, la soja y la carne de res van al alza, y la estructura de recursos de Sudamérica está mejor posicionada. 4. Doble motor de la economía transfronteriza: el Mundial impulsa una mejora de la infraestructura de pagos, mientras que las remesas están influidas simultáneamente por tres factores: la evolución del dólar, los impuestos y la política migratoria. 5. La IA es la única variable de largo plazo: la infraestructura y la inclusión digital determinan si América Latina puede convertir la IA en productividad, y no en una consigna.
Perspectivas de las tendencias de largo plazo en América Latina (próximos 5-10 años)
En los próximos cinco a diez años, el cambio estructural que más merece atención en América Latina no es el crecimiento de un año concreto, sino la recomposición de los motores de crecimiento: pasar de ser un "exportador de materias primas" a una estructura tripartita de "minerales críticos + manufactura de proximidad + servicios digitales".
Primero, la dimensión de recursos se inclinará hacia el cobre, la plata, las tierras raras y los metales industriales; los centros de datos de IA y la transición energética constituyen una nueva narrativa del lado de la demanda, y Sudamérica asciende en el mapa global de los minerales críticos. Segundo, la recuperación de los ingresos y la formalización financiera se refuerzan mutuamente: la expansión de los pagos digitales y de las redes de aceptación sin contacto está incorporando una gran cantidad de actividad económica informal a un ámbito medible, gravable y sujeto a crédito, lo que constituye la vía más pragmática para que América Latina eleve su crecimiento potencial. Tercero, la diversificación de socios comerciales pasará de la consigna a la realidad; después del UE-Mercosur podrían surgir más acuerdos, y se espera que aumente la apertura del comercio intrarregional. Cuarto, la dirección de los flujos migratorios podría invertirse; si la emigración venezolana se desacelera o incluso se revierte, mejorarían al mismo tiempo la oferta laboral y se aliviaría la presión fiscal.Para el comercio global, América Latina está pasando de ser una "tomadora de precios" a una "proveedora de insumos clave"; para los inversores, la oportunidad no está en el crecimiento agregado, sino en la extrema diferenciación entre países y sectores; para la región, el mayor riesgo sigue siendo la incertidumbre de las políticas externas y las fluctuaciones de corto plazo provocadas por los ciclos electorales.
América Latina no experimentará un crecimiento milagroso. Es más probable que redefina su posición en la economía global de una manera lenta, diferenciada, pero más sostenible.
Brújula de fuentes · latamreport
latamreport sitúa esta nota en LATAM Report publica análisis y boletines multilingües.: los Enlaces de fuentes deben abrirse antes de reutilizar el resumen. Boletín regional / Materias primas y comercio / Infraestructura LATAM explica el ángulo editorial local; fechas, nombres y cambios de estado aún requieren comprobación.